Un buen vigilante debe tener observación aguda, autocontrol, comunicación asertiva y capacidad de reacción ante emergencias. La puntualidad, disciplina y respeto son esenciales. Debe conocer los protocolos de seguridad, primeros auxilios, defensa personal y uso responsable de equipos o armas. También necesita habilidades tecnológicas para operar sistemas de CCTV, radios y alarmas. La empatía y cortesía facilitan el trato con el público. Un vigilante efectivo mantiene la calma bajo presión, identifica riesgos, previene incidentes y protege vidas y bienes con profesionalismo, cumpliendo siempre las leyes y normas del sector de seguridad privada.
